La sociedad del Antiguo Régimen

La sociedad del Antiguo Régimen estaba dividida, según el derecho tradicional, en tres órdenes o estamentos: el clero, que se ocupaba de rezar y asegurar la protección divina; la nobleza, que combatía y protegía a la colectividad de sus adversarios, y el pueblo llano, que comprendía grupos tan diversos como el campesinado, la burguesía y las clases populares de las ciudades y cuya función social era producir todos los bienes materiales que la sociedad necesitaba.

La característica principal de la sociedad estamental era su desigualdad civil. Esta desigualdad comportaba la división en dos grupos bien diferenciados: los privilegiados (nobleza y clero), que gozaba de derechos y privilegios y estaban exentos de impuestos, y los no privilegiados (el tercer estado o pueblo llano), que no tenían privilegios y debían soportar todas las cargas fiscales.

Dos recreaciones de la Francia

pre-revolucionaria

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    “Plantearse las causas de las diferencias entre la Francia presentada en El Perfume: Historia de un asesino y la presentada en María Antonieta es importante. Al ser dos películas del mismo año, 2006, y contar ambas con presupuestos elevados, no pueden aducirse diferencias basadas en la técnica disponible, por lo tanto la cuestión central será que la plasmación audiovisual de un tema y un argumento lleva a una estética concreta, diferente en cada una de estas dos películas,  aunque estén situadas en el mismo país y el mismo siglo. En efecto, aunque existe una distancia entre el tiempo de El Perfume: Historia de un asesino, que termina en 1766, y el tiempo de María Antonieta, que comienza en 1768, ésta no resulta demasiado grande para el ritmo del cambio en la Europa del Antiguo Régimen y podemos considerar que es una misma época la que va desde 1738, año en que nace Grenouille, el protagonista de El Perfume: Historia de un asesino, hasta 1789, cuando María Antonieta abandona Versalles y termina la película de Sofia Coppola; son cincuenta y un años con pocas variaciones, aunque las hubo, por ejemplo en la moda, en el vestir y el peinar de las gentes  adineradas. Los grandes cambios que transformaron radicalmente Francia son posteriores y llegaron de la mano de la revolución. En cualquier caso, hay que reconocer que la Francia del siglo XVIII se caracterizó por ser una sociedad de contrastes y que en El Perfume: Historia de un asesino y en María Antonieta se presentan dos ámbitos de la misma que ya en su momento fueron muy distintos y que, aunque se podría afirmar que el tema de las dos películas es similar, el de una persona que no encaja en sociedad, no es lo mismo la sociedad que encontramos en un mercado de París o en una perfumería de Grasse, que la que habita en el Palacio de Versalles.

Sin embargo, no son únicamente esas desigualdades sociales, sino las decisiones de los cineastas, que además han explicitado, las que crean ambientaciones tan diferentes en las dos películas. Así, en El Perfume: Historia de un asesino, el mundo que rodea a un perfumista, francés, pobre y asesino, en el siglo de la Ilustración toma como referencia la pintura barroca europea del siglo XVII que le antecede en un siglo, pero que se prefiere por su colorido reducido y sus contrastes de luz y sombra, que sirven de metáfora amplificadora de todos los demás contrastes mostrados. Sin embargo, en María Antonieta la corte versallesca, que rodea a la eterna “adolescente” de origen austriaco en las años previos a la revolución, se inspira en el rococó del momento, preferido a su coetáneo neoclásico por ser más cercano a lo individual en una película que se centra en las vivencias y sentimientos de un personaje, y se inspira también en otros elementos que no son pictóricos, por ejemplo, en el cromatismo de pastelería de los “macarons” y en cierta estética juvenil de los años ochenta del siglo XX, que subrayan que la protagonista es joven y que es mujer, se ha llegado a considerar que es una “película para chicas”; aunque la evolución de la historia también lleva a María Antonieta hacia otras estéticas, más naturalistas en el Petit Trianon o más oscuras en el luto por la muerte de su hijo y en el final de la película.”

ELVIRA GARCÍA ARNAL

LOS TEXTOS

“El perfume. Historia de un asesino”

Inicio de la novela del alemán Patrick Süskind “El perfume. Historia de un asesino” (1985). Se narra aquí el nacimiento del protagonista, Jean Baptiste Grenouille, “uno de los hombres más abominables y geniales de la época”, que observa el mundo a través del sentido del olfato, mucho más desarrollado que el resto de las personas.Patrick Süskind

“En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitoiros, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre; las curtidurías, a lejías cáusticas; los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo; el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de la vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor.

     Y, como es natural, el hedor alcanzaba sus máximas proporciones en París, porque París era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de París habia un lugar donde el hedor se convertía en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronnerie, o sea, el Cimetière des Innocents. Durante ochocientos años se había llevado allí a los muertos del hospital Hôtel-Dieu y de las parroquias vecinas; durante ochocientos años, carretas con docenas de cadáveres habían vaciado su carga día tras día en largas fosas y durante ochocientos años se habían ido acumulando los huesos en osarios y sepulturas. Hasta que llegó un día, en vísperas de la Revolución Francesa, cuando algunas fosas rebosantes de cadáveres se hundieron y el olor pútrido del atestado cementerio incitó a los habitantes no sólo a protestar, sino a organizar verdaderos tumultos, en que fue por fin cerrado y abandonado despues de amontonar los millones de esqueletos y calaveras en las catacumbas de Montmarttre. Una vez hecho esto, en el lugar del antiguo cementerio se erigió un mercado de víveres.

     Fue aquí, en el lugar más maloliente de todo el reino, donde nació el 17 de julio de 1738 Jean-Batiste Grenouille. Era uno de los días más calurosos del año. El calor se abatía como plomo derretido sobre el cementerio y se extendía hacia las calles adyacentes como un vaho putrefacto que olía a una mezcla de melones podridos y cuerno quemado. Cuando se iniciaron los dolores del parto, la madre de Grenouille se encontraba en un puesto de pescado de la Rue aux Fers escamando albures que había destripado previamente. Los pescados, seguramente sacados del Sena aquella misma mañana, apestaban ya hasta el punto de superar el hedor de los cadáveres. Sin embargo, la madre de Grenouille no percibía el olor a pescado podrido o a cadáver porque su sentido del olfato estaba totalmente embotado y además le dolía todo el cuerpo y el dolor disminuía su sensibilidad a cualquier percepción sensorial y externa. Sólo quería que los dolores cesaran, acabar lo más rápidamente posible con el repugnante parto. Era el quinto. Todos los había tenido en el puesto de pescado y las cinco criaturas habían nacido muertas o medio muertas (…)

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